sábado, 3 de enero de 2009

El lenguaje de las miradas



Dicen los que saben de lingüística que únicamente el 10% de la comunicación humana es verbal. El restante se divide entre un 40% de la entonación y un 50% gestual. Esto quiere decir que, en una conversación telefónica, solamente se expresará la mitad de lo que se expresa cara a cara. Y ni hace falta mencionar los mensajes de texto (primera fuente de malos entendidos en la actualidad), donde sólo ese pequeño 10% que se puede poner en palabras alcanza a su destinatario.


Y esto sucede porque la comunicación humana es muy rica. Mucho más amplia de lo que podríamos pensar en un primer momento. Los gestos que hacemos con las manos, las diferentes inflexiones que nuestra voz tiene al hablar con una u otra persona, nuestra postura corporal, todo ello transmite un enorme caudal de información. Y no nos olvidemos de la mirada, fundamental sobre todo a la hora de seducir.


Si bien cada uno tiene su propia manera de comunicarse con las miradas, hay ciertos códigos universales que muchas personas comparten. Por ejemplo, si alguien evita mirarte a la cara cuando te habla, posiblemente esté ocultándote algo o deformando la verdad (mintiendo, seamos claros). Alguien sincero no teme mirar de frente a los ojos de su interlocutor, si bien lo normal es que la mirada no esté fija todo el tiempo en un punto sino que vaya y venga. ¿Quieres saber si alguien está poniendo atención a lo que dices? Haz gestos con las manos que se correspondan con tu mensaje, e introduce en medio de la conversación un gesto extraño –aplaude una vez en medio de una frase-. Si la persona se sobresalta y parece de repente ponerte atención, es que haz detectado a un distraído. Una mirada seductora comienza en los ojos del otro, para luego volverse hacia otro sitio y finalmente mirar de nuevo a los ojos. De esta manera, compruebas si te devuelven la mirada –y posiblemente, te retribuyan el interés-. Una vez iniciada la conversación, cuando una persona te resulte particularmente atractiva, prueba mirarla a los ojos y luego a la boca, fijando tu vista en sus labios. Estarás dando a entender, muy sutilmente por cierto, que estás considerando besarl@. Y créeme, si la idea también le ha pasado por su cabeza, no tardará en hacértelo saber.


Hay momentos donde es fundamental mirar a los ojos: cuando se dice “te amo”, cuando se pide perdón, en el instante en que concluye un beso. Hay quien dice que los ojos son las ventanas a nuestra alma. Abrámoslos bien a aquellos a quienes queramos entregar nuestro amor.

1 comentarios:

ciltocruz dijo...

Hola Claudia.

Ya he llegado por fin al blog y no está mal. Quizá te faltan cosillas en la barra de la izquieda, que lo anime... pero cada uno como quiera!!

En fin, estamos en contacto.

Un saludo!

Cuidate!

 
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